26.4.15

Replay. Capítulo 11.

Al tocar la piedra del interior del refugio, suspiro. He regresado a un lugar seguro, y ahora puedo pensar que vivo en un sueño. El exterior no es real, lo sé... pero pensar en eso, no lo hace verdad, por más que lo desee demasiado.
Caigo de rodillas por el cansancio y me limpio la frente sudorosa. Corrección, no limpio mi frente, simplemente hago que se vuelva más negra por el carbón y la tierra que toqué durante mi recorrido para salir y para entrar. Ahora estoy hecha un asco, y para colmo vi que mi anterior vida jamás regresará.
Mi anterior vida... jamás regresará.
Ante ese pensamiento, se me escapa un sollozo. Antes tenía la esperanza de poder reconstruir aquello que deje atrás, pero mi viejo hogar... el único lugar que conocí... mi país, ya no sirve para lo que quiero. Reconstruir una nación de las cenizas es algo casi imposible, menos cuando solo queda un cero coma dos por ciento de la población, oculta en un lugar donde se alberga un mínimo rayo de esperanza, que con el tiempo desaparecerá por completo.
Sí, lo de reconstruir la vieja vida jamás ocurrirá.
Cass cae sobre la piedra detrás de mí. Si mi rostro está como el suyo, lleno de hollín y con gotitas de traspiración, entonces no me veo para nada agradable. Lo he visto muchas veces así pero nunca de verdad, como ahora. Ponerse en el lugar de las personas cambia tu antiguo punto de vista.
Observo a Cass pasar delante de mí y caminar hacia el agujero negro que nos llevará de nuevo a los túneles del Refugio. Sin embargo, no le sigo. Simplemente miro como su cuerpo desaparece en la oscuridad, esperanzada de tener tan solo unos momentos a solas con el punto que se encuentra a metros por encima de mí, la tapa de alcantarilla que me llevará al exterior. No quiero volver a subir. Solo quiero despedirme a solas de lo que en algún momento fue mi vida.
Pero él regresa, buscándome.
—¿Necesitas que te lleve? — me pregunta, sonando irritado—. Si quieres que te considere una persona de confianza, debes hacer que comience a confiar en ti. ¿Crees que te dejaría sola? ¿Aquí? Si piensas eso, Alanis, permíteme decirte que estás loca y te equivocas sobre mí.
Miro hacia abajo, y me encuentro con mis manos negras.
—Puedo caminar sola— digo, y me levanto para comenzar a caminar. Él me sigue por detrás.
El recorrido es largo. Probablemente antes no me había dado cuenta por el hecho de que corría, pero caminando, en silencio, solo escuchando mis zapatillas tocando el suelo, me hace ver las cosas desde un lugar diferente.
En tan solo media hora, todo ha cambiado y no cambiado al mismo tiempo, lo que me hace darme cuenta de algo. Todo ha cambiando, y yo también lo he hecho. En el poco tiempo que estuve aquí, he sufrido tantos cambios que ni siquiera pude detectarlos. Empezando por mis poderes, que ni siquiera sé usar.
—¿Cómo haces para controlar tus poderes? — le pregunto a Cass, y escucho que él suspira.
—Era hora de que tu mente curiosa haga esa pregunta. Ahora me pregunto yo, ¿Por qué no lo preguntaste antes? — pongo los ojos en blanco, y evito tropezarme con una raíz que antes no había visto.
—No lo sé, no se me ocurrió— digo, sin perder de vista su espalda. Él ahora se encuentra delante de mí, pero me sirve como guía. Lo último que quiero ahora es perderme en este túnel. No encontraría la forma de escapar. No entiendo cómo pude pasarlo antes. Supongo que estaba determinada a llegar al final. Ahora no quiero regresar al comienzo, así que necesito que alguien me muestre el camino para no regresar al final—. Ahora contesta mi pregunta.
—De acuerdo— dice, seguido por un suspiro, y para de caminar. Se acerca a un lado de la cueva y se inclina. Cuando se incorpora, tiene algo en la mano. Escucho que abre algo de madera y saca una cosa, para frotarlo contra un objeto rasposo. Y luego todo se ilumina. Un fósforo. Chico inteligente. Acerca la llama a una vela enganchada en la pared, y la enciende, lo que ilumina el pequeño sector en el que ahora estamos—. Nos detendremos a descansar.
Lo miro.
—No puede faltar tanto— digo, pasando la palma de mis manos por mis vaqueros.
—Esto lo hiciste corriendo, y cuánto tardaste, ¿Diez, quince minutos? — se apoya contra la pared y se sienta—. Caminando puede durar veinte minutos. Te lo digo por experiencia— la luz de la vela le da a su piel sucia un tono enfermizo y tétrico. Tiemblo—. Siéntate, deberías descansar después de todo lo que pasó en este rato— señala con la cabeza el lugar ubicado en la pared frente a él, y la miro. Me siento antes de que mis piernas comiencen a pedirlo.
—Ahora dime, ¿Cómo controlas tus poderes? — le vuelvo a preguntar. Él oculta su cabeza entre sus piernas un segundo, y luego la vuelve a levantar. Sus ojos me miran profundamente, y finalmente comienza a hablar.
—Mi padre me enseñó a usarlos— dice—. Aprendimos juntos. Él a hacer lo suyo, y yo a hacer lo mío. Quizá también aprendí yo solo, pero no podría decirlo en memoria a lo que él hizo por mí— respira hondo, y pone su cabeza de lado—. Sé qué debo encontrar, por eso se qué bloquear. No es cuestión de quererlo. Es cuestión de control.
Miro mis manos, todavía sucias, y recuerdo cuando estaban llenas de sangre. Y luego suaves como la piel de un recién nacido.
—Entonces, si yo aprendo a controlarme, ¿controlaré lo que sea que haga? — levanto la mirada, y él está mirándome.
—Serás capaz de controlar lo que sea que quieras y puedas hacer— responde, y se levanta. Se acerca a mí, y me da una mano—. Vamos. Nos falta poco para llegar.

Acepto la mano que me tiende, y dejo que me levante así podemos seguir nuestro camino hacia donde sea que se encuentre el lugar que de ahora en adelante, me permitiré llamar hogar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified