24.9.13

Deseos Pasados. Capítulo 1.

Primera Parte




—¿Julianne? — levanto la mirada del libro que estoy leyendo. Los ojos de mi mejor amiga están sobre mí, agujereándome los pensamientos. Cada vez que me mira así, pienso que ella puede ver en mi interior—. ¿Has escuchado al menos dos palabras de lo que te he dicho?
Sacudo la cabeza, en forma de negación. Sonrío y bajo la mirada hacia el libro nuevamente.
—Me encanta la atención que le pones a los demás— comenta, enojada, mientras se cruza de brazos y fija su mirada al otro lado del gimnasio, a un punto vacío.
—Y a mí me encanta cuando cierras la boca— respondo a la defensiva, sin quitar los ojos de las palabras que estoy leyendo. A veces, mi mejor amiga, Gemma, puede llegar a ser un dolor de cabeza, además de que nunca cierra su maldita boca.
Pero, aún así, Gemma Johnson es mi mejor amiga, desde que tenemos cuatro años, que es casi toda nuestra vida. Y así es como terminaremos, dentro de unos veinte años, viviendo juntas, solteras, con millones de gatos, en algún piso de alquiler en el centro del pueblo.
A diferencia de mí, mi mejor amiga tiene cabello marrón oscuro, unos grandes ojos rasgados grises, y tez oscura. Es un tanto más rellena que yo, pero siempre fue la que tuvo mejor cuerpo de las dos, debido a las curvas de sus caderas.
En cambio, yo tengo cabello rubio, ojos azules, piel pálida, pero sonrosada en las mejillas llenas de pecas. Mis labios son rosados y finos. Pero, aunque Gemma se la pasa diciéndome lo linda que soy, nunca he tenido un maldito novio, pero quizá porque nunca he querido uno.
El instituto está lleno de idiotas alargados que buscan pareja. Curso el último año de bachillerato, y tengo bien claro que para fin de año debo encontrar al menos un novio temporal, porque no quiero terminar como tantas fracasadas, que tienen flema y deben usar frenos y lentes.
Sin embargo, como dije antes, no quiero salir con nadie. ¿Quién querría salir con la que llaman “rara”, que anda en patineta en sus ratos libres, escucha rap y rock pesado, estudia cuando puede y saca las mejores notas? Soy rara, lo admito, y me gusta serlo. No voy a cambiar para salir con un chico.
Y no veo una vida futura. Me imagino en un hospital, agonizando luego de caerme de tres kilómetros de altura, después de cumplir mí sueño: saltar en paracaídas de un avión. Está bien, nunca cumpliré ese sueño.
Mi madre, una abogada muy reconocida en nuestro pueblo, me prohíbe todo tipo de cosas riesgosas. Eso lo hace desde que, cuando yo tenía diez años, mi padre murió en una carrera de autos. Igualmente, la muerte de mi padre no me afectó, ya que él nos había abandonado a mi madre y a mí cuando yo aún era una niña pequeña, quizá cuando rondaba los dos años de edad. Desde ahí, yo me niego a usar el apellido de mi padre.
Ahora mismo, Gemma y yo estamos sentadas en el gimnasio del instituto, viendo como el hermano menor de mi amiga termina con su entrenamiento. Las animadoras, que practican luego del equipo infantil, se comienzan a acumular en un extremo del gimnasio, hablando de lo que harán mañana viernes por la noche, o de otras cosas que no me importan. Me dan asco.
Mientras tanto, la líder de animadoras, Arianna Dugan, se está besando con su “perfecto”, pero no dejemos la parte de “idiota”, novio, Martin Dean.
Martin y yo hemos ido a la escuela juntos desde el jardín de niños, y nuestras madres eran amigas. Hasta hace unos diez años, éramos mejores amigos, junto con Gemma.
Claro que, eso de “mejores amigos” fue antes de que apareciera en nuestras vidas Arianna. La muy zorra tiene cabello negro azabache y ojos grises, tan grises que podría llegar a parecer ciega. Pero la vista le anda mejor que a un gato en la oscuridad. Y, de alguna milagrosa forma, la atención está en Arianna, y en las cirugías en sus pechos y trasero. Me da asco, ella es un asco.
Y, para mejorar las cosas, siempre sabe cuando alguien toca a su parejita perfecta.
El entrenador de Zack, el hermano de Gemma, toca el silbato una vez. Los niños fatigados se colocan alrededor del profesor mientras este les da un par de indicaciones y los despide.
Atrás de las gradas, Martin sonríe en los labios de Arianna...
¿Por qué demonios estoy viendo esa mierda? Hago una mueca de asco, mientras giro la mirada hacia otro punto del gimnasio.
Arianna es de las de bragas y sostén de encaje.
Yo uso ropa interior deportiva la mayor parte del tiempo, porque, Dios, es lo más cómodo que hay.
Ella se la pasa usando tacones demasiado altos.
Yo me arreglo con mis hermosas zapatillas deportivas, las cuales poseo desde hace ya dos años y espero que vivan un par de años más.
Ella usa vestidos más cortos de lo normal.
Yo siquiera tengo vestidos en mi armario, y si los tengo, me llegan hasta unos centímetros más arriba de las rodillas.
Somos dos polos opuestos, pero creo que ya estoy acostumbrada a aquello. Me agrada no parecerme a Arianna en nada.
Sacudo mi cabeza. No puedo creer que esté pensando en eso. Siempre odié a Arianna.
Martin se separa de Arianna. Su cabello canela brilla bajo la luz del sol que entra al gimnasio, y sus ojos verdes están brillosos, más de lo normal, de tal forma que puedo verlos desde mi posición. Su abdomen está marcado, ya que es el capitán del equipo de natación y el de futbol. Se despide de Arianna, mientras saca su celular y comienza a teclear las teclas táctiles de la pantalla.
Mi celular vibra en el bolsillo de mis vaqueros, tan pronto como él guarda el suyo en su bolsillo trasero.
Saco el celular y leo el mensaje, mientras Gemma baja las gradas para recoger a Zack.
  “Hermosa vista, ¿verdad?”
Martin.
  “Eres un idiota, ¿Lo sabes?” Tecleo yo rápidamente. Veo como saca el celular de su bolsillo, mira el mensaje y teclea una respuesta. Lo guarda de nuevo y vibra el mío.
  “No eres la primera ni la última que me lo dice.”
Lo veo sonreír.
Sacudo mi cabeza y desvío la mirada. Gemma me hace señas para que baje las gradas y me una a ella.
—Eres un tonto, Zack, ¿Cómo puedes olvidarte tu bolso en casa?
Mi amiga va regañando a su hermano mientras cruzamos el aparcamiento hacia mi auto, un Audi, casi nuevo, dejando de lado la abolladura que mi madre le hizo el año pasado. Me subo a él y pongo las llaves en el contacto, mientras espero a que suban.
Zack baja la cabeza, y se encoje de hombros a modo de respuesta hacia su hermana.
—¿Irán andando?— les pregunto cuándo comienzo a notar que tardan bastante en subir al coche. Me bajo y avanzo hacia ellos—. Iré a visitar a mi primo hoy, y necesito estar antes de las seis.
Ahora Gemma me mira, centrando su atención en mí. Pareciera que recién se da cuenta de que me ha dejado colgada.
—Lo siento, Julianne, puedes irte, debemos ir andando hacia casa— me dice, agarrando a su hermano del hombro y llevándolo a regañadientes por la acera.
Sacudo mi mano en señal de saludo, cuando comienzan a alejarse por la calle.
—Adiós también a ustedes— les grito, un poco cabreada.
Gemma levanta una mano, diciéndome que me calle. Está demasiado enojada con su hermano, por lo que puedo notar.
Cuando estoy por subirme al auto, algo me lo impide.
—Hola, Julianne, me preguntaba si podría conducir— me dice Martin, sentado en el asiento del conductor y mis llaves colocadas ya para hacer andar el auto.
—¡Idiota! ¡Baja de mi coche!— le grito, mis zapatillas golpeando en el asfalto del aparcamiento. Aunque me siento culpable al haberme sentado en el coche, haber puesto las llaves y luego bajarme y dejar todo abierto.
El muy maldito se ríe en mi cara. Pone en marcha el acelerador.
—O te subes o te dejo aquí— me dice, riéndose de su propia broma estúpida.
Derrotada y golpeando el piso debajo de mí, me subo en el asiento del acompañante.
Martin me sonríe, arreglando el espejo retrovisor y bajando sus lentes de sol. Su cabello bronceado vuela cuando arranca a toda velocidad mi auto.
—Libérate, Cousteen— me dice riendo, cuando me ve sosteniéndome de la puerta. Mi cabello vuela a toda velocidad detrás de mí. Esta no es una velocidad que acostumbro. ¿Cómo puede manejar y doblar curvas sin estrellarse con nada?
—Lo haré cuando dejes el volante de mi auto— le digo. Martin suelta el volante, llevando sus manos a su nuca—. ¡Mejor pon tus manos en el volante y cuida no matarnos a ambos!
Se ríe, y devuelve sus manos al volante.
Media hora después, para en una saliente de roca, con las hojas del otoño debajo de nosotros. Piso las hojas al bajar del coche, y estas crujen debajo de mis zapatillas.
Martin se sienta en el capó del auto y se cruza de brazos. Sus ojos brillan como antes en el gimnasio, mientras se besaba con la zorra de Arianna.
—Quiero terminar con Arianna. — me suelta, sin vacilar, como si ya tuviera preparada esa oración hace rato.
Me río.

¿Por qué me lo dice a mí? Yo soy la menos indicada para hablarle temas de amor, porque soy un asco en eso. Un desastre. Un verdadero desastre en todo lo que tenga que ver con el maldito romance.


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